jesuitas por el mundoLa Compañía de Jesús, una de las órdenes religiosas más influyentes y numerosas en su apogeo, enfrenta un declive continuado en el número de sus miembros a nivel global. Según los últimos datos disponibles a enero de 2023, la orden contaba con 14.185 jesuitas, lo que representa una disminución del 61% desde su máximo histórico en 1965, cuando se registraron 36.038 miembros.

Este decrecimiento ha sido notable y constante a lo largo de las décadas. Por ejemplo, en 2012, la cifra de jesuitas se situaba en 17.676, y para enero de 2014, había disminuido a 17.008. Esta tendencia se ha mantenido, con una pérdida anual que oscila entre 200 y 400 miembros en los últimos años. A principios de 2022, el número de jesuitas había disminuido a 14.439, y para 2023, la cifra continuó reduciéndose a 14.185.

El envejecimiento de la población jesuita y la escasa incorporación de nuevos miembros son factores clave en este fenómeno. La edad promedio de los jesuitas es alta, y muchos de los miembros superan los ochenta años. Esto ha llevado a un incremento en las defunciones y una disminución en el número de vocaciones nuevas que no compensa las pérdidas.

El declive también ha impactado en la presencia física de la orden. En 2010, la Compañía de Jesús alcanzó su pico en términos de estructuras con 1.782 casas, residencias, parroquias, colegios y otros establecimientos abiertos. Sin embargo, este número ha disminuido significativamente en los años subsiguientes, con un total de 1.248 casas reportadas a inicios de 2022, lo que implica el cierre de 568 establecimientos en poco más de una década.

Este decrecimiento no solo refleja un desafío para la Compañía de Jesús sino también para la Iglesia Católica en su conjunto, que ve cómo una de sus órdenes más emblemáticas y con mayor capacidad de influencia académica y teológica sufre un declive notable. A pesar de estos desafíos, la orden sigue comprometida con su misión educativa y social en diversas partes del mundo, aunque con menos recursos humanos.

Esta situación plantea interrogantes sobre el futuro de la Compañía de Jesús y su capacidad para adaptarse a los cambios demográficos y culturales que enfrenta la sociedad contemporánea. Asimismo, abre el debate sobre cómo revitalizar las vocaciones religiosas en un mundo cada vez más secularizado.


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